lunes, 15 de noviembre de 2010

Ciudadela de La Habana




Ciudad de agua y luz

Sobre piedra recostada

Asomada al Malecón no se cansa de soñar…

Poeta que sangra al sol y sueña mirando el mar.

Ciudad de amores mestiza

de sangre y razas cuajada

Estructura de palmeras que a la intemperie se alzan

Abanicándose al sol.

Ciudad mito de ideales, de valores y utopías

Que huele a caña de azúcar

Sabe a mango y a toronja

Y respira libertad

Ciudad donde el cielo azul

De tanto besar el mar

Dejó una estrella bordada

Noche y día en su bandera

Ciudad que ondea orgullosa

Por el mar de las Antillas

Sabiéndose la más sólida

De todas las ciudadelas


Habaneras de La Habana

Lagrimitas de nostalgia

llora, quien se alejó un día

Sin saber que el corazón

Se quedó sangrando al sol y soñando con el mar.

1 comentario:

  1. Es muy conmovedor este poema... y de mucho mendó con el lírico fuego de razas que culmina en la cubana, un conjunto sembrado en el rostro de un excelentísimo de la cultura de la Isla caribeña: Nicolás Guillén.
    Los cubanos buenos, como los denominó José Martí, cuando salimos de Cuba llevamos una lágrima de nostalgia siempre colgada al corazón por un retorno y un nuevo abrazo a la Patria. Los otros, camorristas y fariseos, sólo se llevan un apretado tizón de odio que los mueve a ser capaces de vender su tierra natal.
    Como tú misma dices, en Cuba, con ese sabor a mango y toronja, bajo un abanico de sol, se respira libertad.
    Gracias

    ResponderEliminar